Hipatia, una mujer sin voz
de Patrizia Sanzari

      Dos autores, Adriano Petta y Antonino Colavito, y una mujer llamada Hipatia, que vivió en Alejandría en un tiempo lejano, en el ocaso del mundo helénico. Reconstrucción de la aventura humana e intelectual de una figura femenina, de la que no ha sobrevivido nada excepto el nombre, su amor por la ciencia, la integridad moral, tal vez su belleza. La exigüidad de las fuentes históricas, la destrucción casi total de sus obras se unen a una fama que se propaga a través de los siglos, hasta nuestros días, en los que la Unesco ha puesto en marcha un proyecto internacional, destinado a promover planes de estudio e investigación concebidos por mujeres de cualquier nacionalidad. Dicho proyecto ha sido denominado "Hipatia".

Además de narrar la historia de un personaje de gran carisma en un determinado y desconocido periodo histórico, los autores han intentado comprender y explicar - en primer lugar, explicarse - cómo un conjunto de acontecimientos que tuvieron lugar hace más de mil seiscientos años ha llegado a ser tan importante, tan decisivo, hasta el punto de dejar una profunda impronta en las mentes de cuantos han escrito a lo largo de los siglos sobre la vida de Hipatia, mientras las trazas documentales, obras o fragmentos, son prácticamente inexistentes.
      Es como si pensamiento - o ideas - se hubieran transmitido, bien horizontalmente, entre personas o pueblos (y esto es característico de las organizaciones complejas, como lo era el mundo helénico de entonces o la sociedad moderna, en la actualidad); bien de forma vertical, permitiendo el paso de una generación a otra, no sólo de padres a hijos, sino también, esencialmente, entre maestro y alumno, entre aquel que explora nuevos caminos y el discípulo que aprende y a su vez reelabora. E incluso más profundamente, el pensamiento propagándose como una onda luminosa, tal vez indiferente al sujeto que lo percibe, ya que es el hombre con su responsabilidad quien debe ser capaz de ver, de comprender y, en consecuencia, de actuar. Esta creación de pensamiento depende del hombre, sí, pero también de la época histórica y del punto geográfico en el que vive. Y Alejandría era un lugar intenso, donde existía una continua producción de ideas y de tecnología. No todos los lugares son iguales: nacer y vivir en una tierra y no en otra condiciona, prefigura la vida de un hombre. Alejandría, fundada por Alejandro Magno en el 331 a.C., bajo los primeros Tolomeos fue centro de una revolución científica y tecnológica que, aunque con alguna que otra interrupción violenta, se prolongó hasta el siglo V d.C.

      Los Tolomeos crearon en Alejandría el Museo, el primer Centro de Estudios abierto a toda persona que quisiera participar del saber, no sólo a quienes se dedicaban profesionalmente al estudio. Y en el Museo estaba la Biblioteca, que llegó a contener más de quinientos mil volúmenes. Una sección separada de la Biblioteca se encontraba en el templo de Serapis.
      En la época a la que corresponden los hechos descritos en Ipazia, scienziata alessandrina, un arco de años que van del 391 al 415 d.C., ya hacía tiempo que la Biblioteca había sido devorada por las llamas provocadas en un primer momento por Julio César y más tarde por el emperador Aureliano. Y la destrucción de la Biblioteca "hija" en el Templo de Serapis, llevada a cabo por algunos fanáticos cristianos, es objeto de uno de los episodios más dramáticos de la obra que nos ocupa.
      Fuego y destrucción arrasaron en Alejandría, Pérgamo, Antioquía, Roma, Atenas, aquellos lugares en los que se reunían y conservaban papiros y pergaminos en cantidades relevantes, centros de saber a los que acudían estudiosos de todo el mundo antiguo.Y lo que ha llegado a nuestros días proviene de colecciones marginales o copias privadas, sometidas a la criba de sucesivos descendientes. Éstos, habiendo retrocedido al nivel precientífico, transmitieron tan sólo los escritos cuyo lenguaje era todavía comprensible en las postrimerías de la Antigüedad y en el Medievo, suprimiendo o redimensionando, por manifiesta ineptitud, los progresos de la física, de la astronomía, matemática y tecnología, que alcanzaron su cima en la civilización helenística y en la ciudad de Alejandría.
Helenismo que, iniciado a la muerte de Alejandro Magno, acaba con el fin de la ciencia antigua en el 415, cuando Hipatia, hija del matemático Teón, conocido por sus comentarios a las obras de Euclides, fue asesinada por los cristianos.
Ipazia, scienziata alessandrina tiene dos autores, Adriano Petta y Antonino Colavito, dado que, como ellos mismos afirman en el prólogo del libro, una reconstrucción de la vida de Hipatia, de su escuela, de su época, solamente desde el punto de vista histórico no habría podido mostrar al lector toda la complejidad del personaje. Hacía falta, asimismo, repasar y abordar todos los aspectos de aquel pensamiento filosófico científico del que Hipatia era heredera y representante, "última flor maravillosa de la gentileza y del saber helenístico".
      Así, pues, la vida de Hipatia en forma de novela, a cargo de la prosa inflamada de Adriano Petta: la historia de una mujer con su dimensión humana, sus sentimientos, sus lazos familiares, y en su faceta política, como personaje público, oponiéndose a veces, otras, actuando como intermediaria respecto a quienes detentaban el poder, prefectos imperiales y obispos de la nueva y triunfante religión cristiana. Narradas por su discípulo Shalim en primera persona, las acciones de los protagonistas se suceden en medio de sus esfuerzos por sustraer códices y papiros a los devastadores efectos de la expansión revolucionaria, ya que éstos contenían estudios sobre la física de la materia, sobre la luz, el movimiento y los infinitos mundos, es decir, sobre la Razón capaz de formular y experimentar nuevas teorías sobre el universo, liberando a los hombres de su sumisión a credos o ideologías. Y, pasando por la trágica destrucción del Templo de Serapis y el incendio de la Biblioteca "hija" adyacente por parte del obispo Teófilo y sus hordas de monjes, por la muerte del padre entre las llamas, por la pena de muerte para paganos y judíos que consuman sacrificios o prácticas adivinatorias, Hipatia nos conduce a Atenas, a Roma, a través de encuentros políticos o reuniones filosóficas y de la búsqueda de antiguos textos, a las competiciones de las últimas Olimpiadas, antes de que los juegos sean suprimidos por el emperador Teodosio. Y a Milán, donde, en una tempestuosa entrevista, el obispo Ambrosio le anuncia el fin de la filosofía y de la ciencia, la victoria de la Religión sobre la Razón.
      A partir de la discusión entre Hipatia y San Agustín a propósito de los dogmas que impiden el libre desarrollo del hombre, los acontecimientos se precipitan en los dramáticos últimos años, en los que los edictos imperiales contra los paganos y el resplandor de las hogueras del triunfante cristianismo destruyen cuanto queda de las conquistas científicas del mundo antiguo, anunciando el trágico fin de la filósofa y maestra.
      En un día de primavera del año 415, que el escritor Adriano Petta hace coincidir con una fecha de gran contenido simbólico, el ocho de marzo, día dedicado a la mujer en todo el mundo, Hipatia y su discípulo Shalim son asaltados por una turba de monjes parabolanos, inmovilizados y transportados a la catedral cristiana del Caesareum: Hipatia, ante los ojos de Shalim, enloquecido de dolor, es despedazada aún viva. Y, entre los gritos de júbilo de la chusma, sus restos son arrojados al Cineron, en medio de la basura que arde. Responsable moral y político y, sin duda, quien ordena el asesinato es Cirilo, obispo y patriarca de Alejandría.
      El lector se precipita en una escritura de ritmo implacable que hace vivir intensamente pasiones de hombres y mujeres, retratando crudamente a víctimas y verdugos, pero que por momentos, casi permitiéndonos recuperar el aliento y las fuerzas necesarias para proseguir con la narración, se difumina en un silencio del que emergen los "sueños", de manos de la poesía - y también del rigor- de Antonino Colavito.
      Genial la definición de "sueños" por parte del autor: casi recuperando el antiguo carácter adivinatorio de aquéllos, el pensamiento de Hipatia vive en un espacio-tiempo en el que la especulación filosófico-científica de la antigüedad viene a confundirse con la moderna, en busca de una formulación unitaria: un puente poético que el autor construye para rescatar a Hipatia de la oscuridad a la que fue condenada. En los "sueños" Hipatia habla de la investigación en todos los campos del saber: física, astronnomía, música, política o arte regio, como si reuniera en sí misma un conocimiento global, que va más allá del de su tiempo, sintetizando en una nueva visión del mundo descubrimientos del pasado, de su presente y del futuro, mujer de ciencia, en el más amplio sentido de la palabra. En estas páginas el lector mínimamente avezado en la materia científica encontrará una cierta incongruencia: Hipatia discute acerca de la teoría cuántica, de la relatividad, incluso sobre la estructura de la música experimental contemporánea. En realidad el autor parece estar profundamente convencido de que en ella, en Hipatia, se concentraba todo el saber, en cuanto era como un centro que irradiaba conocimientos pluriseculares, la creación artística en su máxima expresión. Es como si Hipatia fuera inmortal, siempre viva, y, por tanto, capaz de percibir y conocer el cosmos, dado que las dimensiones espaciales y temporales, que constituyen límites para las personas normales, no existirían para ella. Para quien es inmortal, ¿qué pueden significar un espacio y un tiempo ilimitados?
      La admiración que nos produce una obra de arte, ya se trate de escultura, arquitectura, teatro, estudio de la naturaleza, astronomía, física o matemática, o producto tecnológico, no tiene que inducirnos a colocar dicha creación artística sólo en su tiempo, con una validez histórica reducida a aquel periodo. Debemos, en cambio, aproximarla a su contemporáneos, que son los artistas e investigadores de cualquier época o civilización, antiguos egipcios, griegos de la edad clásica o helenística, chamanes, maestros orientales, estudiosos árabes, escritores de nuestra literatura, científicos de la era moderna, mujeres y hombres del futuro... Un valor que trasciende a lo largo de los siglos, un significado que nace del espíritu y que va más allá de su apariencia impenetrable, si es enjuiciado con los cánones del espectador actual. Obra de arte o creación como valor objetivo que puede ser aprehendida en cualquier época del mismo modo.
      ¿Por qué este libro? ¿Por qué sacar a la luz la historia de una vida y su trágica conclusión? ¿Por qué Hipatia, la ciencia alejandrina, la supresión del mundo antiguo y de la Razón?
      Los autores creen que el martirio de Hipatia, la violenta represión de aquel centro del saber y del conocimiento que era la escuela alejandrina, ha retrasado durante muchos siglos el desarrollo intelectual, el crecimiento y la transformación del ser humano. Del cosmos de los infinitos mundos de la época helenística se pasó a la esfera cerrada de las estrellas fijas; del hombre responsable de su destino en un espacio sin límites al hombre centro de un único y sofocante universo construido por un dios; del ejercicio apasionante de la Razón, a la esclavitud de credos y de instituciones que se dicen religiosas.       Habrá que esperar más de un milenio para que el hombre nuevo, el librepensador, pueda restablecer los lazos con la antigua ciencia: indagar en la naturaleza y, citando a Galileo, intentar encontrar, más allá de las observaciones preliminares que pueden sugerir una u otra vía de investigación y antes de la comprobación sensorial, una verdadera demostración, basada en principios aceptables para la Razón.

 
 
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